El conflicto étnico que gobierna Etiopía

Las hostilidades entre el gobierno central y la región de Tigray han provocado más de 39.000 refugiados

El 4 de noviembre el Gobierno etíope inició una ofensiva militar contra la región de Tigray tras responsabilizar al Frente de Liberación de Pueblo Tigray (FLPT) de un ataque sufrido en una base del Ejército. En estas dos semanas de enfrentamientos son ya más de 39.000 refugiados, 17.000 niños, los que han huido al país vecino de Sudán.

Las hostilidades del conflicto étnico de Etiopía y la región norteña siguen en aumento, a la vez que las consecuencias sociales. Más de 2,3 millones de niños necesitan asistencia humanitaria según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Además, unas 4.000 al día han estado huyendo del país hacia Sudán según la ONU. Por su parte, tanto el Gobierno como el FLPT se culpan mutuamente de centenares de muertes que no pueden ser contrastadas debido al apagón informativo. La autoridad etíope ha bloqueado el acceso a internet y las telecomunicaciones en la región norteña del país.

Este conflicto ha desembocado tras varios meses de alta tensión. A pesar de la decisión del Gobierno de aplazar las elecciones parlamentarias debido a la COVID-19, el FLPT celebró sus propios comicios el pasado septiembre. El Gobierno central no reconoce los resultados por considerarse ilegales. Mientras tanto, la autoridad de Tigray no reconoce la figura de Abiy Ahmed como primer ministro, por haber sobrepasado la fecha límite de mandato.

Fuente: Associated Press/Francisco Seco

Reducción de poder

El pueblo Tigray ha visto gradualmente reducido su poder. En febrero de 2018, el entonces primer ministro etíope, Hailemariam Desalegne, dimitió tras una ola de protestas que comenzó a finales de 2015. Después de la renuncia, el país decretó el estado de emergencia hasta que Abiy Ahmed, perteneciente a la rama Oromo del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (FDRPE), fue nombrado primer ministro por el Parlamento. Los Tigray, a pesar de representar solo el 6% de la población, habían gobernado tradicionalmente el Frente.

La designación de Ahmed puede interpretarse como un compromiso con la apertura política por parte de la FDRPE o como un intento de mantener el control de un país sacudido por numerosas tensiones económicas y étnicas. Sus esfuerzos por poner fin a la guerra contra Eritrea, lo han llevado a ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 2019. Sin embargo, y tras dos años en el poder, los conflictos étnicos no han cesado.

Orígenes del conflicto étnico en Etiopía

A principios de la década de 1970, Etiopía sufrió una época de hambruna, huelgas, manifestaciones y una profunda crisis gubernamental. El Derg, un grupo formado por oficiales del ejército etíope de tendencia comunista, dio un golpe de estado en septiembre de 1974. Seis meses después, depusieron a Haile Selassie, el último emperador.

El régimen del Derg fue derrotado militarmente en 1991 por una alianza de grupos insurgentes, la mayoría de ellos etnonacionalistas. Los dos grupos de oposición más destacados fueron el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (FLPT) y el Frente de Liberación del Pueblo de Eritrea (FLPE). Tras la derrota del Derg, el primero se convertiría en el núcleo duro del nuevo régimen etíope. Mientras, el FLPE lograría la independencia que ansiaba para Eritrea y, a su vez, se convertiría en el partido único de su estado recién creado.

Por su parte, el FLPT había fundado una coalición con otros tres grupos de oposición de base étnica: la Organización Democrática Popular Oromo, el Movimiento Democrático Nacional de Amhara y el Frente Democrático Popular del Sur de Etiopía. Esta coalición, bautizada como FDRPE, se convirtió en el nuevo gobierno provisional de Etiopía en 1991.

El Gobierno provisional anunció su voluntad de corregir los excesos centralistas de los regímenes anteriores y reconocer las aspiraciones autonomistas de las distintas etnias. Así, la FDRPE redactó una nueva Constitución y convocó las primeras elecciones democráticas en la historia reciente de Etiopía, en 1995.

La nueva Constitución introdujo el llamado federalismo étnico que rediseñó el mapa administrativo del país y con el cual establecieron nueve estados regionales. Cada región correspondía aproximadamente a las etnias dominantes en cada territorio, sin tener en cuenta los factores geográficos o económicos. Cada etíope tenía que declarar su pertenencia a uno de los más de 80 grupos étnicos o tribales, donde podían ejercer plenamente sus derechos civiles y políticos.

El FLPT diseñó el nuevo sistema político específicamente para fragmentar la política etíope y evitar la aparición de una oposición en los tribunales nacionales. Al trasladar el peso de la política del ámbito estatal al regional, especialmente cuando habían trazado estas regiones siguiendo criterios políticos, el FDRPE logró que los debates políticos se articularan en torno a temas étnicos, lo que benefició su retórica y estrategia

Una de las consecuencias del federalismo étnico ha sido un cambio en la forma en que los etíopes perciben su identidad. Sin duda, el sentimiento de pertenencia al grupo étnico ha aumentado, pero algunos etíopes sostienen que las políticas étnicas han dañado la identidad nacional.

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Carla Zanni

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