Golpe de estado en Myanmar: ¿Quiénes son los rohinyás y cuál será su futuro?

La preocupación por el pueblo rohinyá aumenta después de que el Ejército de Myanmar tomara el control el pasado lunes

El pasado 1 de febrero de 2021, los militares anunciaron un golpe de estado en Myanmar y proclamaron el estado de emergencia con una duración de un año. Aung San Suu Kyi, líder de facto en el país, Win Myint, presidente, y otros líderes civiles fueron detenidos. El comandante Min Aung Hlaing es quien queda al mando tras la detención de estos miembros del Gobierno civil de Myanmar. El Gobierno de Estados Unidos sancionó a Hlaing en el 2019 ya que estuvo durante años liderando una persecución contra los musulmanes rohinyás, una minoría étnica en el estado birmano de Rakáin.
Niños rohinyás en Myanmar en el 2013. Fuente: Store Norske Leksikon

La crisis humanitaria de Myanmar ha sido denominada por la ONU como “intento de genocidio” en más de una ocasión. Los rohinyás son una minoría musulmana que ha estado en el país desde el principio de su historia. Tanto el Gobierno de Myanmar, como las grandes autoridades de la comunidad budista han cometido una persecución contra esta minoría que ha obligado a muchos a escapar a Bangladesh. Entre otras de las grandes atrocidades que se han cometido, como quemar sus pueblos o la violación a mujeres, niños menores de 5 años también han sido asesinados. En tan solo un mes en el 2017 murieron 6700 rohinyás de los cuáles, 730 eran niños. Hasta el 2018, 723.000 rohinyás huyeron en busca de paz al país vecino.

La procedencia de los rohinyás

En Myanmar hay 52 millones de habitantes, y 1,1 millones de ellos son rohinyás. Se trata de una minoría musulmana en un país donde el 90% de la población es budhista. Este grupo se encuentra en el norte del estado de Rakáin, muy cerca de la frontera con Bangladés. Aunque no se sabe a ciencia cierta su origen, ellos aseguran ser descendientes de comerciantes árabes. Sin embargo, el Gobierno de Myanmar afirma que son migrantes musulmanes de Bangladés que huyeron a Myanmar durante la ocupación inglesa.

Miles de rohinyás cruzando la frontera hacia Bangladesh. Fuente: La Vanguardia (Dar Yasin AP)

De forma oficial son considerados inmigrantes bengalíes, por lo que no se les reconoce como ciudadanos de Myanmar aunque tampoco puedan pedir la nacionalidad en Bangladés. Esta minoría musulmana está confinada en grandes guetos, y viven en condiciones muy duras, se les tiene prohibido casarse o viajar sin tener un permiso específico de las autoridades. Además, tampoco se les permite tener posesiones. Fue en 1982, durante la dictadura militar, cuando se les quitó sus derechos de ciudadanía y pasaron de ser ciudadanos a ser inmigrantes ilegales.

La líder Suu Kyi ha sido criticada durante años por no haber denunciado las barbaridades cometidas por el Ejército contra esta minoría. El Ejército justifica sus acciones culpándoles de terrorismo debido a lo ocurrido el 25 de agosto del 2017. Los militantes de la Arakan Rohingya Salvation Army (ARSA) atacaron 30 estaciones de las fuerzas armadas en un puesto militar donde acabaron muriendo 12 oficiales, 10 agentes de policía, una agente de inmigración y un soldado. Sin embargo, este altercado también provocó la muerte de 104 militantes musulmanes. La ARSA se refirió a lo sucedido como “acciones defensivas” ante las persecuciones que estaban sufriendo los rohinyás por parte del Gobierno de Myanmar.

Según datos de “Médicos sin fronteras” (MSF), un 69% murieron a causa de disparos, un 9% quemados dentro de sus casas y un 5% apaleados. Lo cierto es que no solo fallecen en Myanmar, muchos mueren por el camino al intentar huir a Bangladés. 

Refugiados en Bangladés

Bangladés ha tenido hasta ahora el campo de refugiados más grande del mundo, Kutupalong, que acoge a más de 600 000 personas. Los rohinyás viven en condiciones inhumanas ya que el país no tiene forma de responder a las necesidades de los refugiados. En diciembre de 2020, las autoridades del país bengalí  aseguraron haber destinado 112 millones de dólares para la construcción de casas, hospitales y mezquitas donde habría espacio para 100 000 rohinyás. A pesar de estas concesiones, el Gobierno de Bangladés sigue sin hacer una gestión adecuada, ha habido testimonios de personas que afirman haber sido reubicados de una forma forzada y arbitraria, incluso hay quienes declaran haber sufrido torturas.

Kutupalong, el campo de refugiados más grande del mundo. Fuente: Acnur

Países mediadores

China se ha ofrecido a mediar entre ambos países. Pekín protege a Myanmar, pero no por compromiso moral, sino porque es un importante socio comercial. China busca devolver la estabilidad y crear un diálogo entre ambos países, así como pedir el compromiso internacional. El primer ministro de China se refirió a esta crisis humanitaria como una «lucha antiterrorista».  Este país tiene una gran relación con Myanmar y ha financiado algunas de sus infraestructuras. India también ha cooperado con Myanmar en ocasiones. El apoyo de China e India se debe a los intereses que tienen ambos en el país, lo que también ha provocado cierta rivalidad entre ellos.

Naciones Unidas

Para Naciones Unidas esta crisis es “una de las más largas del mundo y también una de las más olvidadas”. En diciembre del año 2019, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) condenó a Myanmar por abusos contra los rohinyás, insistió en que debían establecer medidas urgentes para combatir la incitación contra el odio hacia esta minoría. La ONU, como defensora de los derechos humanos pidió que revisaran la Ley de Ciudadanía de 1982 de Myanmar. La ONU se ha referido a esta crisis como una “limpieza étnica” varias veces. Por su lado, el ex general Myint Swe, declaró en una ocasión que no había posibilidad de que hayan cometido crímenes contra la humanidad, también negó la existencia de pruebas sobre la limpieza étnica.

El Premio nobel de Suu kyi

Suu Kyi, hija de diplomática, tuvo que pasar muchos años fuera de Myanmar. Al regresar en 1988 con ganas de instaurar la democracia en Myanmar, se presentó a las elecciones y la NLD ganó en las urnas. No obstante, los militares anularon los resultados y Suu Kyi sufrió un arresto domiciliario, lo que le impidió salir de su casa desde 1989 hasta el 2010. Su deseo por haber querido establecer la democracia en el país y haber pagado por ello 15 años de arresto domiciliario hizo que en 1991 le otorgaran el Premio Nobel de la Paz. Su silencio en esta persecución, jamás haber condenado la crisis humanitaria que está sufriendo el país, le está costando muchas críticas (trece Premios Nobel le criticaron abiertamente a través de una carta) y dudas sobre si es realmente merecedora del Premio que obtuvo.

En su defensa, Suu Kyi aseguró que se debía todo a “un iceberg de desinformación” y que los rohinyás que decidiesen volver al país serían bien recibidos.

Aung San Suu Kyi, líder de facto en el país, ganadora de un Premio Nobel de la paz en 1991. Fuente: Wikimedia Commons.

El poder del Ejército en Myanmar

La democracia ha tardado en llegar al país y parece que de nuevo se están deshaciendo los logros conseguidos para alcanzarla. Este nuevo golpe de estado no va a hacer más que debilitar el país. Desde el principio de su historia, los militares han tenido una fuerte influencia en Myanmar. En el 2015 acordaron que, si permitían las elecciones, el ejército mantendría el 25% de los escaños en el Parlamento. Los militares quedaron al mando de ministerios tan importantes como el de Defensa. Además, también acordaron tener derecho a vetar cualquier modificación de la Constitución. Durante años oponerse al Ejército podía dañar la frágil «democracia». Este nuevo golpe de estado es la gota que colma el vaso de la pesadilla que lleva años persiguiendo al pueblo rohinyá.

Los rohinyás durante la crisis del Covid-19

Al ser tan alto el número de personas que se concentran en los campos de refugiados de Bangladés, ya se avisó desde abril que el impacto del Covid-19 podría ser enorme. Tras la declaración de pandemia mundial por la Organización mundial de la salud (OMS), Bangladés prohibió la entrada y salida de los campos de refugiados. En estos, los rohinyás viven en unas condiciones en las que no es fácil mantener la higiene. La limitación de los recursos hace que exista una mayor facilidad para contraer el virus. Por supuesto, en unos campos sobrepoblados, la distancia social resulta imposible.

Con una pandemia mundial y un nuevo golpe de estado, el escenario de los rohinyás empeora por momentos. Aún así, ni en las mejores de las situaciones -con una Premio Nobel de la paz al mando del país, y sin una crisis sanitaria universal- se ha logrado encontrar una solución para este grupo étnico musulmán.

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Alejandra Orbegozo

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